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Ancianos con COVID luchan contra la 'niebla mental', la debilidad y la confusión emocional

By Judith Graham, Kaiser Health News on

Published in Senior Living Features

"Señor, devuélveme la memoria".

Durante meses, mientras Marilyn Walters luchaba por recuperarse del COVID-19, repitió esta oración día y noche.

Al igual que otros adultos mayores que han enfermado gravemente por el coronavirus, Walters, de 65 años, describe lo que ella llama "niebla cerebral": dificultad para enlazar sus pensamientos, problemas de concentración, la incapacidad de recordar lo que pasó poco tiempo antes.

Esta repentina disfunción cognitiva es una preocupación común para los ancianos que han sobrevivido a un grave ataque de COVID-19.

"Muchos pacientes mayores tienen problemas para organizarse y planificar lo que necesitan hacer para pasar el día", dijo el doctor Zijian Chen, director médico del Centro de Atención Post-COVID en el Mount Sinai Health System en Nueva York. "Están reportando que se han vuelto más y más olvidadizos".

Otros desafíos abundan: superar el daño muscular y nervioso, mejorar la respiración, adaptarse a nuevos impedimentos, recuperar la fuerza y la resistencia, y hacer frente a la carga emocional de una enfermedad inesperada.

La mayoría de los ancianos sobreviven al COVID-19 y se encuentran con estas preocupaciones en diversos grados. Incluso en el grupo de edad de mayor riesgo (las personas de 85 años o más) solo el 28 por ciento de los casos confirmados termina muriendo, según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés). (Debido a las lagunas en las pruebas, la tasa de mortalidad real podría ser menor.)

Walters, que vive en Indianápolis, pasó casi tres semanas en marzo y abril fuertemente sedada, con un respirador, luchando por su vida en cuidados intensivos. Hoy, dijo: "Todavía me canso muy fácilmente y a veces no puedo respirar. Si estoy caminando, a veces mis piernas se tambalean y mis brazos se ponen como gelatina.

"Emocionalmente, ha sido difícil porque siempre he sido capaz de valerme por mí misma, y no puedo hacer eso como me gusta. He estado muy nerviosa y temblorosa", dijo Walters.

Los adultos más jóvenes que han sobrevivido a un episodio grave de COVID-19 experimentan problemas similares, pero los adultos mayores tienden a tener "síntomas más graves, y más limitaciones en cuanto a lo que pueden hacer", dijo Chen.

"La recuperación demorará meses y años, no días o semanas", comentó el doctor E. Wesley Ely, codirector del Centro de Enfermedades Críticas, Disfunción Cerebral y Supervivencia del Vanderbilt University Medical Center. Lo más probable, especuló, es que un año después de combatir la enfermedad al menos la mitad de los pacientes mayores gravemente enfermos no se hayan recuperado por completo.

Las secuelas del delirio (un cambio agudo y repentino de conciencia y agudeza mental) pueden complicar la recuperación del COVID-19. Los ancianos hospitalizados por enfermedades graves son susceptibles al padecimiento a menudo no reconocido cuando están inmovilizados durante mucho tiempo, aislados de sus familiares y amigos, y se les administran sedantes para aliviar la agitación o narcóticos para el dolor, entre otros factores contribuyentes.

En los adultos mayores, el delirio se asocia con un mayor riesgo de perder la independencia, desarrollar demencia y morir. Puede manifestarse en forma de confusión y agitación agudas o en forma de falta de respuesta y letargo poco característicos.

"Lo que estamos viendo con el COVID-19 y los adultos mayores son tasas de delirio en el rango del 70 al 80 por ciento", dijo el doctor Babar Khan, director asociado del Centro de Investigación del Envejecimiento en el Instituto Regenstrief de la Indiana University, y uno de los médicos de Walters.

Gordon Quinn, un documentalista de Chicago de 77 años, cree que contrajo el COVID-19 en una conferencia en Australia a principios de marzo. En el Northwestern Memorial Hospital, le pusieron un respirador dos veces en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), por un total de casi dos semanas, y recuerda haber tenido "muchas alucinaciones", un síntoma de delirio.

"Recuerdo vívidamente creer que estaba en el purgatorio. Estaba paralizado, no podía moverme. Podía oír fragmentos de televisión, repeticiones de 'Law and Order: Special Victims Unit', y me preguntaba: '¿Esta es mi vida para la eternidad?'", relató Quinn.

Dado el alcance del delirio y la creciente evidencia de daño neurológico por el COVID-19, Khan dijo que espera ver "una mayor prevalencia de deterioro cognitivo adquirido en la UCI en pacientes mayores de COVID".

Ely está de acuerdo. "Estos pacientes necesitarán urgentemente trabajar en su recuperación", dijo. Los miembros de la familia deberían insistir en conseguir servicios de rehabilitación (terapia física, ocupacional, del habla, rehabilitación cognitiva) después de que el paciente deje el hospital y vuelva a casa, aconsejó.

 

"Incluso a mi edad, la gente puede obtener un beneficio increíble de la rehabilitación", dijo Quinn, quien pasó casi dos semanas en el Shirley Ryan AbilityLab de Chicago, un hospital de rehabilitación, antes de regresar a casa y recibir varias semanas de terapia en el hogar. Hoy en día, es capaz de caminar casi dos millas y ha vuelto al trabajo, sintiéndose casi normal.

James Talaganis, de 72 años, de Indian Head Park, Illinois, también se benefició de la rehabilitación en el Shirley Ryan AbilityLab después de pasar casi cuatro meses en varios hospitales a partir de principios de mayo.

Talaganis tuvo un caso complicado de COVID-19: Sus riñones fallaron y fue puesto en diálisis. Tuvo un paro cardiaco y estuvo en coma durante casi 58 días mientras estaba en un respirador. Tuvo una hemorragia intestinal, que requirió múltiples transfusiones de sangre, y se encontró que tenía cristalización y fibrosis en sus pulmones.

Cuando Talaganis comenzó su rehabilitación el 22 de agosto, dijo, "todo mi cuerpo, mis músculos estaban atrofiados. No podía levantarme de la cama ni ir al baño. Me alimentaban a través de un tubo. No podía comer alimentos sólidos".

A principios de octubre, después de recibir horas de terapia cada día, Talaganis era capaz de caminar 660 pies en seis minutos y comer lo que quisiera. "Mi recuperación es un milagro. Cada día me siento mejor", señaló.

Desafortunadamente, las necesidades de rehabilitación de la mayoría de los adultos mayores a menudo son pasadas por alto. Notablemente, un estudio reciente encontró que un tercio de los adultos mayores críticamente enfermos que sobreviven a una estadía en la UCI no recibió servicios de rehabilitación en casa después del alta del hospital.

"Los adultos mayores que viven en áreas más rurales o fuera de las grandes ciudades donde los principales sistemas hospitalarios ofrecen servicios de vanguardia corren un riesgo significativo de perder este cuidado potencialmente restaurador", dijo el doctor Sean Smith, profesor asociado de medicina física y rehabilitación de la University of Michigan.

A veces lo que más se necesita para la recuperación de una enfermedad crítica es la conexión humana. Esto fue así para Tom y Virginia Stevens de Nashville, Tennessee, ambos de poco más de 80 años, quienes fueron hospitalizados por COVID-19 a principios de agosto.

Ely, uno de sus médicos, los encontró en cuartos separados del hospital, asustados y miserables. "Estoy preocupada por mi marido", le dijo Virginia. "¿Dónde estoy? ¿Qué es lo que está pasando? ¿Dónde está mi esposa?", dijo el médico que le preguntó Tom antes de gritar: "Tengo que salir de aquí".

Ely y otro médico que se ocupaba de la pareja estuvieron de acuerdo. Estar aislados el uno del otro era peligroso para esta pareja, casada durante 66 años. Necesitaban que los pusieran juntos en una habitación.

Cuando el médico entró en su nueva habitación al día siguiente, dijo, "la diferencia era notable". La pareja estaba tomando café, comiendo y riendo en camas que habían sido puestas juntas.

"Ambos mejoraron a partir de ese momento. Sé que fue gracias al toque amoroso, a estar juntos", afirmó Ely.

Eso no significa que la recuperación haya sido fácil. Virginia y Tom aún luchan contra la confusión, la fatiga, la debilidad y la ansiedad después de su estadía de dos semanas en el hospital, seguida de dos semanas de rehabilitación como pacientes internos. Ahora, están en una nueva residencia de vida asistida, que permite visitas al aire libre con su familia.

"Los médicos nos han dicho que tardarán mucho tiempo y es posible que nunca vuelvan a donde estaban antes del COVID", comentó su hija, Karen Kreager, también de Nashville. "Pero está bien. Estoy muy agradecida de que hayan pasado por esto y podamos pasar más tiempo con ellos".

– Este texto fue traducido por Kreativa Inc.

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